Mario Bunge, el psicoanálisis, y la psicología evolucionista

ImagenLa mayoría de los filósofos latinoamericanos están estancados en el nacionalismo, y obsesionados con los temas de identidad cultural, dejan de lado las verdaderas preocupaciones universales de la filosofía. Una excepción es el genial Mario Bunge. Allí donde la mayor parte de los filósofos latinoamericanos se ha contaminado del relativismo moral y epistemológico, y se ha impregnado de la jerga postmodernista, Bunge es uno de los pocos valientes que aún defiende una diferencia objetiva entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, y no queda impresionado con verborreas como “la nada nadea”.

            Una de las contribuciones más destacadas de la obra de Bunge es su criterio de demarcación entre la ciencia y la pseudociencia. Bunge no es exactamente seguidor de Popper, pero al menos comparte con éste, y en detrimento de relativistas como Kuhn y Feyerabend, la convicción de que sí existe una diferencia objetiva entre disciplinas científicas y pseudocientíficas, y que las primeras son superiores a las segundas.

Así, lo mismo que Popper, Bunge ha formulado criterios que nos permiten saber que disciplinas como la astrología, la frenología o el feng shui no tienen asidero científico y no son dignas de credibilidad. Salvo entre los postmodernistas que odian la ciencia, nada de esto resulta controversial. Sí es un poco más controversial, no obstante, el desdén de Bunge por la economía clásica o el marxismo, a los cuales considera igualmente pseudociencias.

            Bunge se ha ganado el odio de muchos de sus compatriotas argentinos, por su denuncia del psicoanálisis como disciplina pseudocientífica. Yo más bien lo admiro por esto. Las denuncias de Bunge respecto al psicoanálisis, tienen bastante asidero. Los psicoanalistas hacen énfasis en la sexualidad infantil, pero Bunge recuerda que el impulso sexual está dirigido desde el hipotálamo, y en los niños, esta región del cerebro no está aún desarrollada. El psicoanálisis suele asumir que la mente está desconectada del cerebro (y por eso, no hace falta administrar fármacos, pues la mera palabra cura), pero Bunge recuerda que existe una relación estrecha (si acaso no de identidad) entre los eventos mentales y los eventos cerebrales.

            Con todo, me parece que Bunge ha sido excesivo en su desdén de disciplinas que no se ajustan estrictamente a sus criterios de demarcación. Pienso en especial en su oposición a la psicología evolucionista. No es mucho lo que Bunge ha escrito sobre esta disciplina, pero en algunos comentarios dispersos en breves artículos y entrevistas, Bunge considera que la psicología evolucionista tiene el mismo calibre que el psicoanálisis. Por ejemplo, con su brutal sarcasmo, propone irónicamente crear una facultad de pseudociencias en la cual se “busque el gen de la afición al fútbol”, o se trate de “explicar la última de las 10.000 religiones registradas en los EE.UU., como una adaptación al medio ambiente en el Paleolítico”.

            Esto, por supuesto, es una falacia del hombre de paja (a saber, distorsionar las posturas de los oponentes), pues la psicología evolucionista nunca ha pretendido investigar semejantes sandeces. La pretensión de la psicología evolucionista, no obstante, es sencillamente extender el razonamiento evolucionista a los rasgos mentales de la especie humana. Así como la teoría de la evolución nos permite explicar por qué somos bípedos (presumiblemente porque los bosques africanos se fueron secando y se convirtieron en sabana), también puede explicar por qué nos gustan las mujeres con senos grandes.

Obviamente, tenemos poca observación directa para verificar estos alegatos. Pero, el mismo Bunge ha señalado su oposición al positivismo intransigente, y ha admitido que podemos inferir conclusiones a partir de premisas firmes. Y, la psicología evolucionista reposa sobre premisas firmes (las mismas premisas sobre las cuales Darwin sostuvo su teoría). Pues bien, a partir de razonamientos lógicamente válidos, la psicología evolucionista llega a conclusiones bastante razonables. No descubriremos un gen para la afición al fútbol, pero quizás sí en un futuro, por ejemplo, descubriremos algún gen para la tendencia hacia la homosexualidad. Los estudios de gemelos ciertamente apuntan hacia esa dirección. 

Bunge a veces también critica a Richard Dawkins (uno de los forjadores de la sociobiología y la psicología evolucionista) porque, en sus propias palabras, es más un divulgador que un científico propiamente. No deja de ser cierto que Dawkins es un gran divulgador, pero ¿acaso eso es malo? Además, si bien Dawkins ha pasado los últimos años más haciendo filmes que estudiando fenómenos, su ya clásico El gen egoísta está ampliamente documentado.Imagen

Pero, más allá de todo esto, es irónico que el mismo Bunge, en su ataque al psicoanálisis, acuda a una tesis propia de la psicología evolucionista. En su crítica al complejo de Edipo inventado por Freud, Bunge señala que la aversión al incesto no procede de un tabú impuesto por la cultura para reprimir los impulsos incestuosos, sino que, más bien, seguramente tenemos una aversión natural a aparearnos con nuestros parientes más cercanos.

El origen del tabú del incesto efectivamente ha sido intrigante entre los estudiosos. En el siglo XIX, E.B. Tylor opinaba que, si bien tenemos una inclinación natural al incesto, la cultura lo reprime, a fin de obligar a los seres humanos a buscar parejas sexuales en otros grupos, y así establecer alianzas con otros colectivos. Claude Levi Strauss formuló una teoría similar.

Bronislaw Malinowski también compartía la opinión de que tenemos una inclinación natural al incesto, pero la cultura lo prohíbe para preservar la estructura de los roles familiares, y la estabilidad de la armonía en el núcleo familiar. Freud formuló una teoría similar.

Éstas son teorías funcionales culturales para explicar el tabú del incesto. Sólo a L.H. Morgan, en el siglo XIX, se le ocurrió explorar una teoría biológica. A juicio de Morgan, el hombre primitivo pronto comprendió que el incesto trae consigo el riesgo de malformaciones genéticas, y por eso lo prohibió. La teoría de Morgan ha sido criticada, en buena medida porque sobreestima las capacidades intelectuales de los hombres primitivos. Y, además, como el mismo Malinowski documentó, en algunos pueblos, no se conoce la relación entre el coito y el parto, pero con todo, se prohíbe el incesto.

No obstante, la teoría de que el tabú del incesto existe para prevenir malformaciones genéticas es plausible. Pero, en vez de asumir que el hombre primitivo hizo un descubrimiento, es más razonable postular que tenemos una aversión innata al incesto. En el Paleolítico, aquellos grupos humanos que tuvieran una aversión natural al incesto sobrevivieron en mayor proporción que aquellos que sí practicaban el incesto. Pues, el incesto trae malformaciones genéticas (procedentes de la acumulación de genes recesivos que sólo pueden sobrevivir bajo esta forma, pues de lo contrario ya habrían desaparecido), y así, aquellos grupos que lo practican, van desapareciendo.

El antropólogo Edward Westermarck formuló esta teoría. Según él, estamos condicionados a rechazar sexualmente a aquellos con quienes nos criamos desde niños. Y, curiosamente, Bunge cita frecuentemente a Westermarck, para refutar la pretensión psicoanalítica de que los niños desean (en vez de rechazan) sexualmente a sus parientes cercanos. De hecho, las teorías de Westermarck no tuvieron evidencia contundente a su favor en un inicio, pero recientemente, se ha verificado que, en los kibutz, las parejas conformadas por esposos no criados juntos desde la infancia son más duraderas y sexualmente activas que las parejas criadas desde la infancia. La misma tendencia se ha observado en estudios en Taiwán.

Lo irónico es que Bunge parece pasar por alto que las tesis de Westermarck son pioneras de la sociobiología, y que buena parte de la psicología evolucionista no hace más que extender el razonamiento de Westermarck para explicar otros rasgos mentales. Westermarck asumió que la aversión al incesto no es meramente un producto cultural, sino que tiene una base innata. Westermarck no habló propiamente en estos términos, pero es presumible que, si la aversión al incesto es innata, está codificada en algún filamento del ADN. En otras palabras, hay un gen para el tabú del incesto.

Así pues, Bunge debería preguntarse: si existe un gen para la aversión al incesto, ¿por qué no puede existir un gen para la creencia en Dios o el gusto por la actividad lúdica? Quizás sería ir demasiado lejos el preImagentender que haya, en palabras de Bunge, “un gen para la afición al fútbol”. Pero, los primatólogos nos informan que todas las especies primates incorporan alguna forma de juego. En virtud de nuestro parentesco genético con los primates, es razonable asumir que estos gustos por el juego tienen una base genética.

Me parece que Bunge debería ser más condescendiente con esta disciplina que promete mucho. Ciertamente, la psicología evolucionista tiene el riesgo de ser infalseable. Fenómenos tan dispares como las huelgas generales, las guerras atómicas, o incluso los sueños, podrían terminar explicándose como adaptaciones naturales dadas las condiciones de nuestros ancestros en el Paleolítico, y así, existe el peligro de que no sea concebible ningún contraejemplo para refutar estas tesis. Pero, a diferencia del psicoanálisis, la psicología evolucionista sí parte de premisas razonables, y sí cuenta con datos empíricos que la respaldan.

Además, en oposición a Popper, el mismo Bunge siempre ha defendido la idea de que el principal criterio de demarcación no es propiamente la capacidad de una teoría para ser falseada, sino su coherencia con otros datos firmemente establecidos. Así, por ejemplo, el psicoanálisis contradice el dato seguro de que la sexualidad infantil es prácticamente nula, pues el hipotálamo no está plenamente desarrollado. Pero, precisamente, la psicología evolucionista es coherente con datos muy firmes. Si aceptamos la teoría de la evolución, debemos llegar a la conclusión de que la selección natural no sólo ha moldeado los rasgos físicos de nuestra especie, sino también los rasgos mentales (en realidad, esta diferencia entre lo físico y lo mental no existe, en virtud de la identidad de la mente con el cerebro, pero es difícil prescindir de ella en el lenguaje ordinario). Por ello, bajo el mismo criterio de Bunge, me parece que el psicoanálisis obviamente es desechable, pero la psicología evolucionista no lo es. Ojalá el maestro Bunge considere esto.

Yessica Arrieche.

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EL PSICOANÁLISIS HUMANISTA DE ERICH FROMM – José Luis Lobo Bustamante.

Centro de Estudios y Aplicación del Psicoanálisis

La literatura psicoanalítica, al tratar de las diversas escuelas de Psicoanálisis, suele encuadrar a Fromm dentro de la corriente Culturalista con Karen Horney y Harry Stack Sullivan.

Esta tendencia culturalista subraya la importancia de los factores culturales en la génesis y formación del carácter y las neurosis. En este sentido Fromm participa de dicho planteamiento. Pero sería estrechar o reducir el pensamiento de Formm a una sola de sus manifestaciones, por importante que ésta sea, encasillarle sin más, en la línea culturalista.

El pensamiento de Fromm desborda esta clasificación. Por otro parte él prefirió llamar a su orientación psicoanalítica Psicoanálisis Humanista. Y, en efecto, el psicoanálisis frommiano se inserta en una amplia concepción del hombre, de corte humanístico.

Freud y Fromm

Fromm parte de Freud y admite sus descubrimientos fundamentales: el inconsciente, la represión y los mecanismos de defensa, la transferencia y contratransferencia, los sueños como expresión más directa aunque generalmente todavía enmascarada de las temáticas inconscientes, la importancia de la niñez en la etiología de los problemas psicológicos, etc.

Por otra parte, Fromm ha actualizado y potenciado el psicoanálisis realizando no sólo una lúcida crítica de los presupuestos ideológicos freudianos sino aportando también una serie de contribuciones en el terreno de la teoría psicoanalítica.

La concepción del hombre biológico mecanicista de la que parte Freud, propia de finales del pasado siglo, es ampliamente rebasada por Fromm con su visión del hombre biológico-social. Como consecuencia lógica se ponen en cuestionamiento varios aspectos de la teoría freudiana como la concepción del inconsciente como exclusivamente patológico, la teoría de la libido, las fases de evolución de la libido en cuanto a etiología de las neurosis, la existencia de un instinto de muerte, la concepción del amor y la mujer, etc.

Fromm se sitúa más en la línea de la psicología del yo que intenta reaccionar frente a un cultivo exclusivo de la psicología del Ello, subrayando, por otro lado, la gran importancia, en la génesis de los problemas psíquicos, de las relaciones interpersonales patógenas, sobre todo en la infancia.

Por decirlo de algún modo, la neurosis es un problema de dos. En el fondo de las grandes líneas psicopatológicas que Fromm describe ampliamente como el Narcisismo, la fijación incestuosa, la destructividad y necrofilia, está siempre la trama de las relaciones interpersonales del niño con las figuras significativas de su infancia.

Las necesidades específicamente humanas expuestas por Fromm de relación con los semejantes, de raigambre, de efectividad, de identidad y sentido desplazan a la omnipresente libido situando a la sexualidad en su lugar de importancia.

Sintetizando, las relaciones interpersonales sustituyen a la teoría de la evolución de la libido en el plano etiológico; las necesidades específicamente humanas a la libido en el plano motivacional; las grandes líneas psicopatológicas del narcisismo, la fijación incestuosa y la destructividad-necrofilia a los cuadros más diversificados y menos profundos de la clínica convencional en el plano nosológico; una concepción del hombre profunda y radicalmente humanista, en definitiva, a la biológico mecanicista antes citada.

El Humanismo de Fromm

Es esta concepción del hombre la que impregna el pensamiento frommiano y consecuentemente su orientación psicoanalítica en sus línea teóricas y sus traducciones técnicas. Entre las características del humanismo frommiano podemos destacar las siguientes:

– El hombre como centro y meta de toda actividad humana. Exclusión, por tanto, de toda supeditación o subordinación a metas o poderes ajenos al hombre. Es un antropocentismo radical. Cualquier concepción o realidad, ya sea personal o social, que pretenda imponer un sistema ajeno al ser humano será denunciada por Fromm como un autoritarismo violador de la dignidad del hombre. Este, por otra parte, no tiene que abandonar su libertad, su responsabilidad, su ser, en definitiva, supeditándose a poderes extraños por comodidad, anhelo de protección o seguridad o por otras necesidades infantiles: no debe idolatrar o idolizar. Sería una enajenación.

Veamos algunas facetas más concretas de esta línea de pensamientos:

– En el plano sociocultural el máximo criterio para Fromm no es la adaptación o ajuste social a ultranza sino la integridad del individuo.

– En el terrero político y económico su oposición a cualquier proyecto totalitario que subordine la persona al sistema, al estado u otros fines que no sea ella misma.

– En las relaciones interpersonales y familiares sus penetrantes análisis de las relaciones simbióticas sadomasoquistas evidencian su preocupación por la integridad y desarrollo de la persona.

– En los aspectos éticos y religiosos la descalificación de la moral heterónoma como falsa moral, y, dentro del respeto a las diversas creencias religiosas, su crítica a toda práctica (interna y externa) de corte autoritario o sadomasoquista en sentido psíquico.

– Siendo el desarrollo del hombre la meta primordial, hay que complementar esta idea con el importante matiz de la integridad. Es el desarrollo integral del hombre en todas sus facetas y potencialidades: sensoriales, emocionales, intelectuales, activas y productivas (creativas). Que el hombre llega a ser plenamente en espontaneidad y libertad.

– El hombre como ser activo, autor de su propia realización. Que pone en acción sus facultades de modo que, desarrollándolas, se va realizando a sí mismo. Es lo que Fromm llamará productividad o carácter productivo, creativo.

– El hombre como ser esencialmente abierto al mundo y a sus semejantes. La realización plena del individuo sólo se armoniza sino que halla su mejor expresión en la unión productiva con el mundo y los otros en términos de amor.

– El hombre posee en el camino de su propia realización como ser humano, un órgano orientativo, detector e impulsor de su desarrollo: la conciencia humanista, que es la resonancia de nuestra personalidad total a su funcionamiento correcto o incorrecto. Es la reacción de nosotros ante nosotros mismos que actúa para que evolucionemos en plenitud y armonía para que lleguemos a ser lo que somos potencialmente. No es la voz interiorizada de ningu-na autoridad (padres, educadores, etc.) a la cual estaríamos ansiosos de contentar y temerosos de contrariar. Es nuestra propia voz, la voz de nuestro amoroso cuidado por nosotros mismos. Su meta es el desarrollo integrar y la felicidad.

– Cuando el hombre abandona, descuida o lateraliza su realización, cuando dimite de sí mismo o se traiciona continuamente, el hombre enferma psíquicamente, se enajena de sí mismo y hasta enloquece. La resonancia de nuestra personalidad total ente nosotros mismos puede debilitarse en la medida en que somos más indiferentes y destructivos con nosotros mismos. O puede reprimirse también, es decir, ser expulsada del campo de la conciencia.

Tiene entonces manifestaciones indirectas, desde un vago sentimiento de culpa o una sensación de incomodidad poco específica o un sentimiento de desinterés, cansancio o fatiga hasta temores y miedos más específicos como el pánico a la muerte o a envejecer. Morir siempre es amargo, pero morir sin haber vivido es insoportable. Son temores muchas veces procedentes de no haber sabido vivir, de no ser nosotros mismos, de no haber vivido productivamente.

También el temor excesivo a la desaprobación tiene con frecuencia este origen: se necesita la aprobación de los demás porque uno no puede aprobarse a sí mismo. Es la expresión de una culpabilidad, la de no ser uno mismo, que aunque inconsciente, todo lo invade.

Psicoanálisis Humanista

Fruto de esta concepción humanista son una serie de consecuencias, tanto teóricas como prácticas, que tienen gran incidencia en el campo de la psicopatología y el psicoanálisis. La impronta humanista se traduce en una serie de características que van desde la misma concepción de la enfermedad mental hasta la actitud del psicoanalista y la técnica que éste emplee. Entre dichas características podríamos destacar las siguientes.

1. El concepto de enfermedad mental entendido como enajenación de si mismo. Como un camino de no realización propia, en el grado que fuere. Como una actitud, de facto, obstaculizante y hasta destructiva hacia unos mismo, por motivos generalmente inconscientes. Y su correlato, la salud mental entendida como la posibilidad, sin trabas psicológicas internas, de desarrollo de todas las potencialidades del propio ser.

2. La meta de la curación, por ello, sería el encuentro de la persona consigo misma. El desarrollo del conocimiento propio, del respeto y la responsabilidad hacia sí mismo, del amoroso cuidado por el propio desarrollo.

3. Un respeto fundamental por parte del analista hacia el paciente, basado en todo lo expuesto anteriormente.

4. El tener muy en cuenta no sólo los aspectos condicionantes y negativos, propios de la enfermedad, sino también y de manera especial las cualidades y aspectos positivos de la persona. Es importante tanto en lo referente al diagnóstico y pronóstico cuanto para la misma técnica terapéutica.

5. Un psicoanálisis no por principio adaptativo a la realidad social, sino que mantiene la primacía de la integridad de la persona, conservando una visión crítica de los aspectos enajenantes y enfermos de la sociedad.

6. Un psicoanálisis abierto a los datos y descubrimientos de las demás ciencias del hombre para entender mejor y posibilitar una ayuda más eficaz a ese hombre que, no sólo ha vivido en una familia, sino que está inserto en una cultura determinada, bajo unas condiciones económicas, políticas y de relación específicas, en unas coordenadas sociales determinadas. Un psicoanálisis, por tanto, no reduccionista que le aplique al hombre una sola óptica. En otras palabras, un psicoanálisis no dogmático.

7. Un psicoanálisis no enigmático o arcano, parapetado tras una fraseología y un vocabulario exclusivista como elemento de prestigio y poder, pero incompresible para el resto. Sino un psicoanálisis que utilice un vocabulario comprensible, transparente y claro, común con el hombre al que pretende servir de ayuda y con quien pretende comunicarse.

8. Un psicoanálisis que da más importancia a la calidad de la relación humana entre analista y analizado sin que esto signifique un descuido y, menos aún, una minusvaloración de los aspectos técnicos.

9. Una actividad del analista más real, más viva, más participante, menos envarada y defensiva en orden a permitir una mejor comunicación y empatía con el analizado. Que permita una comunicación de “centro a centro” como lo expresaba el mismo Fromm.

10. Un psicoanálisis más radical que pretenda llegar hasta las zonas más lejanas y oscuras del inconsciente y no se pare exclusivamente, por ejemplo, en los aspectos edípicos.

Yessica Arrieche

Psicoanálisis

El psicoanálisis difícilmente puede ser definido por una sola palabra; es teoría y técnica, es un método de investigación de lo inconsciente y un tipo de tratamiento de los padecimientos mentales y emocionales; es también una forma de entender y analizar no sólo los procesos individuales que acontecen en el consultorio sino también los procesos sociales y culturales.

La mayor parte de la teoría y la técnica psicoanalíticas se fundan en la práctica clínica, de ahí que no se puedan separar y que los hallazgos de Sigmund Freud y de sus seguidores sigan siendo vigentes. Sin embargo, el psicoanálisis no es como se cree algo antiguo que no ha sabido adaptarse a nuevas y conflictivas situaciones, al contrario, a pesar de sentar sus bases en los escritos de Freud, se encuentra en constante movimiento y tanto la teoría como la técnica se han ido modificando según las necesidades actuales de la población y los nuevos descubrimientos.

El psicoanálisis es una investigación de lo inconsciente, y este proceso de investigación es lo que va aportando entendimiento y alivio en los pacientes. Se trata de una técnica para profundizar en el conocimiento de los padecimientos emocionales y los procesos mentales de la persona que acude a tratamiento o análisis (a la que se llama paciente o analizado). En relación a lo expuesto lo que buscara en este blogs es determinar los factores que influyen y son primordiales aportes en la psicología haciendo un recorridos por sus principales teorías y concepciones y los personajes que aportaron para su formación.

Yessica Arrieche

Las Escuelas

ImagenEste término [Escuela] debe ser tomado en el sentido que antiguamente se le daba a ciertos lugares de refugio, incluso de bases de operación contra lo que ya podía llamarse malestar en la cultura”.

J.Lacan

Las Escuelas de la AMP toman como referencia la Escuela Freudiana de Paris, que Jacques Lacan fundó en el año 1964, en su esfuerzo por renovar los fundamentos y la práctica del Psicoanálisis.

Una Escuela tiene por objeto ofrecer una organización a los analistas y no-analistas que siguen la orientación de la enseñanza de Jacques Lacan para la reconquista del Campo Freudiano, y para la difusión del Psicoanálisis como saber y como práctica en el mundo. En ella se realiza un trabajo destinado a mantener vivo el descubrimiento freudiano y a orientar esa práxis original a fin de que cumpla su papel en nuestra época. Su preocupación es tanto por el Psicoanálisis puro como por

 el Psicoanálisis aplicado a la terapéutica.

Para cumplir sus objetivos la Escuela pone énfasis en la formación analítica de sus miembros, quienes al formar parte de una Escuela se comprometen a someter su práctica a un control. Por su parte la Escuela garantiza la formación que ofrece a sus miembros al otorgar dos títulos: AME (Analista Miembro de la Escuela) que nombra al analista que ha dado las pruebas de formación suficiente, y AE (Analista de la Escuela) que nombra a quien habiendo terminado su análisis atravesó la prueba del Pase.

El dispositivo del Pase, que evalúa el final del análisis y la calificación del analista, y El Cartel que es un pequeño grupo donde se realiza el trabajo de sus miembros, constituyen dos de los pilares fundamentales de las Escuela.

Actualmente, la AMP cuenta entre sus miembros institucionales con ocho Escuelas en pleno ejercicio.

Cinco Escuelas están en Europa:
La Federación Europea de Escuelas de Psicoanálisis (FEEP) constituida por:

La École de la Cause Freudienne (ECF), en Francia, fundada en enero de 1981.

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano (ELP), en España, fundada en mayo de 2000.

La Escola Brasileira de Psicanálise (EBP) en Brasil, fundada en abril de 1995.

La New Lacanian School (NLS), primera escuela de habla inglesa, en diversos países de Europa y en USA, fundada en mayo de 2003.
 
Tres Escuelas están en América:

La Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), en Argentina, fundada en enero de 1992, paralelamente a la creación de la AMP.

La Escola Brasileira de Psicanálise (EBP), en Brasil, fundada en abril de 1995

La Nueva Escuela Lacaniana (NEL), con sedes en Perú, Ecuador, Venezuela, Cuba, Colombia, Bol

ivia, Guatemala, USA-Miami y México, fundada en julio de 2000.

Yessica Arrieche

Psicoanálisis y la Psicología

El psicoanálisis y la psicología se diferencian en sus raíces, método, objetivos y resultados que ofrecen al paciente. Conocer estas distinciones es básico para decidir cuál de los dos va más con tu personalidad y sobre todo con lo que quieres obtener de la terapia.

Sueños y conductas no intencionadas VS comportamiento y herramientas prácticas

La psicología estudia la mente humana utilizando las mismas herramientas que si estudiara una molécula, identificando sus leyes, qué funciona y qué no funciona para que el individuo actúe de manera normal. El psicoanálisis estudia la parte inconsciente de la mente, la relación entre el terapeuta y el paciente, la conducta que parece no intencionada para encontrar la raíz de toda la conducta y pensamiento del individuo.

Un psicoterapeuta estudia psicología, pero se “especializa” en el método del psicoanálisis. Un psicólogo a secas puede utilizar otros métodos para analizar al sujeto. La tabla a continuación permite comparar los beneficios, objetivos, método y resultados de un psicólogo contra los de un psicoterapeuta

 

Psicología

Psicoanálisis

Objetivo

Resolver los problemas del paciente para que
su conducta sea sana y funcional.

Encontrar la raíz inicial de los problemas del paciente.

Método

Puede utilizar diversos métodos de terapia
como la de la escuela de Gestalt, la de grupo, la humanista, la ocupacional, etc.

Análisis del inconsciente (sueños, bromas, deseos y miedos
ocultos, etc.) del paciente mediante un diálogo en el que tanto él como el terapeuta descubren cosas sobre sí mismos.

Resultado

Enseña al paciente nuevas estrategias
de pensamiento, enfrentamiento y resolución
de problemas que él puede aplicar en la vida
diaria.

El paciente hace asociaciones libres sobre el contenido
de su inconsciente que eventualmente lo llevan a darse
cuenta del origen de sus problemas y lo que le causa malestar.

Beneficios

Es práctica, se basa en la conducta y los
pensamientos, los objetivos específicos pueden lograrse en menos tiempo.

Permite un entendimiento integral de la mente del paciente, hace que él solo se dé cuenta del porqué de sus problemas y
entrega resultados permanentes.

Yessica Arrieche

El Campo Freudiano

En febrero de 1979 Jacques Lacan creó la Fundación del Campo freudiano, desde entonces el Campo freudiano recibe a quienes intentan sostener, difundir y profundizar la Orientación lacaniana en el psicoanálisis en sus países, en sus lenguas y en sus culturas. El Campo freudiano fue el lugar, y el antecedente de donde surgieron y fueron constituidas siete Escuelas del Campo freudiano, que, con la Escuela de la Causa freudiana, pertenecen hoy a la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

La Fundación alberga al Instituto del Campo freudiano, y alienta decididamente múltiples redes y grupos de estudio e investigación que trabajan en la difusión del psicoanálisis, especialmente en países donde el psicoanálisis había sido hasta entonces ignorado, incluso prohibido (Europa Oriental y Cuba por ejemplo).

La Federación Internacional de Bibliotecas del Campo freudiano apoyó este gran movimiento desde 1990. A través del mundo se impulsó la creación de Bibliotecas y el debate, y asegurando la circulación de las publicaciones internacionales del Campo freudiano y de la AMP.

Cada dos años, desde 1980 hasta 2002 se ha organizado un Encuentro Internacional alternativamente de un lado y del otro del Atlántico. Desde 2003, se realizan cada dos años el Encuentro Americano y el Encuentro Europeo (PIPOL) del Campo freudiano.

Yessica Arrieche